martes

Es Ana

Amaneció y  mi Ana es mucho más feliz que hace innumerables meses.
Ya vive, respira, ríe y canta.
Se estira entre sus cobijas tibias, tiene espacio. 
Ya no comparte su luz. 
Ya nadie le roba su aliento. 
Ya él no viola su sitio.
Mira de reojo por la ventana, calcula la hora y se da cuenta que es muy temprano, esboza una leve sonrisa y se vuelve a hundir entre sus  cálidas y suaves cobijas de lana. 
Ya no hay afán. 
Nadie la observa. 
Sus niños duermen, todo es tranquilo, todo es azul,  perfecto, sobre todo porque  su ambiente tiene un 
particular olor a margaritas blancas.