viernes

GATUNANA

Ana no confía en los gatos, se le eriza la piel cuando alguno se le acerca, ignora el por qué
tal vez por alguna infundada razón su mente lo apagó en lo más recóndito de su inconsciente.
Sin embargo y aunque parezca extraño después de tener un orgasmo,
Ana aparta a su amante se resguarda y estira entre la sabanas se frota los muslos y espontáneamente ronronea como un gato,
se huele especialmente el brazo derecho, desde los dedos hasta los hombros como tratando de rescatar ese par de segundos en que su cuerpo palpito y descanso en un ligero desahogado ritual felino.

 foto de Maria Paula Filippelli 1984